El día que me internaron para la cirugía, mi hija me agarró de la mano llorando mucho y me dijo que siempre estaría a mi lado. Pero después de la operación, la única persona que se quedó conmigo fue la enfermera del turno nocturno. Tres días después, por fin apareció. Me miró con evidente molestia y dijo: —“Mamá, deja de estarme llamando a cada rato, yo también tengo que ocuparme de mi familia.” Me quedé en silencio viendo a la hija por la que sacrifiqué toda mi juventud para sacarla adelante. Pero ella no sabía que aquella conversación cambió por completo la decisión que había tomado…